Mañana: Madrid – Salamanca
Comenzaba una nueva etapa desde
la capital. El tercer día nos iba a llevar a reencontrarnos con un par de
amiguetes.
Desde el centro de Madrid,
alcanzar la A-6, no debería ser problema. Tenía estudiada la salida, pero como
uno no es muy diestro en las grandes ciudades, y mi amigo el GPS hace su propia
guerra, tuvimos un ligero contratiempo. Menos mal que había carteles informativos
suficientes y no nos retrasamos más de 5 minutos rodeando la Catedral de la
Almudena.
Una vez encontrado el camino, el
Arco de la Victoria era testigo del inicio de la A-6, la cual nos llevaría
hasta Collado Villalba (Madrid), donde iniciaríamos la ascensión al Puerto de
Navacerrada por la M-601.
Una vez coronado el puerto, el
descenso, cuya zona más revirada transcurre por la CL-601, nos llevaría a La
Granja de San Ildefonso (Segovia), donde estaba programada la primera visita
del día.
Allí nos encontrábamos de nuevo
con Cris y Chema, una pareja a la que habíamos conocido en la Nacional del Foro
BMWMOTOS.COM, celebrada en junio. En dicha ocasión nos tocaba compartir mesa
con tres parejas desconocidas con las que nos entendimos a las mil maravillas.
Cris y Chema eran una de esas parejas.
Ellos regentan un pequeño negocio
de venta de productos típicos del lugar. Si lo llego a saber antes…
Después de un café, muy
amablemente Chema se ofrece para hacernos de guía y visitar el Acueducto de
Segovia, llevándonos por una carretera alternativa mucho más divertida a la que
teníamos pensado.
Fugaz visita al Acueducto para
salir de Segovia rodeando el Alcázar y poner rumbo hacia Salamanca, donde nos
esperaban para comer. Como el día se había nublado por partes, y ya nos habían
caído algunas pequeñas gotas de lluvia, Chema nos indicó que lo mejor sería
incorporarnos a la N-110 y que en Ávila cogiésemos la A-50, dado que no había
mucho en la zona que mereciese la pena, y así podríamos llegar a Salamanca con
más soltura.
En Salamanca nos esperaba Sonia.
Bueno, en un pueblo a las afueras de la ciudad, desde donde la seguimos a un
lugar recomendado por ella para comer. Allí, como no, pues nos contamos
nuestras anécdotas, ya que solamente nos
conocemos de un fin de semana motero en Gandía (Valencia), que tuvo lugar en junio de
2014, aunque seguimos teniendo relación a través de las redes sociales.
Tarde: Salamanca – Zamora
Tras la comida, una pequeña
visita a la Plaza Mayor.
Además, también nos contó cómo
había sido su viaje como integrante del primer grupo participante en un tour
que se está realizando por todo el continente americano. ¡¡¡Qué envidia me
dio!!!
Y como no le gusta circular en
moto, se ofreció a acompañarnos hasta Zamora.
De la ruta vespertina no cabe
destacar demasiadas cosas, salvo la compañía de nuestra amiga, el Río Tormes a
la salida de Salamanca y el ganado vacuno por los campos marrones de la meseta
española.
A la llegada a Zamora, nos
despedimos de Sonia…
… y nos fuimos en búsqueda del
hotel. Después de una ducha, un poco de turismo a pie por el casco antiguo de
la ciudad.
Sin idea de donde cenar, tiramos
de TripAdvisor y nos decidimos por el restaurante “El Manojo”, un poco apartado
pero que tenía buenos comentarios. En el lugar, la atención fue muy buena y no
pudimos acabarnos ni la hamburguesa ni el sándwich.









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