Mañana: Arreau – Saint Lary
Inmersos plenamente en los
Pirineos, la etapa del día anterior sería difícil de superar. Aún así,
estábamos dispuestos a que aquellas enormes montañas nos siguiesen
sorprendiendo.
Con nuestra puntualidad mañanera
habitual, dábamos comienzo a otro día de ascensos y descensos por nuestra
particular “Route dels Cols”.
Camino de Azet (Francia), y en
busca del primer puerto, la niebla nos permitía ver lo que el día anterior nos
había quitado. Para qué explicarlo si podemos verlo…
Y, sin quererlo, ya nos
encontrábamos en la cima del primer puerto del día: Col de Val Louron – Azet
(1580 m).
Esta vez, los descensos nos
permitían ver con lo que nos íbamos a encontrar.
Una vez en Génos (Francia),
hacíamos una visita al enorme lago que se encuentra en dicho pueblo…
… lo rodeábamos…
… y nos incorporábamos a la D618
para llegar al siguiente puerto: Col de Peyresourde (1563 m).
Dirección a Bagnères-de-Luchon
(Francia), los paisajes y la carretera no podían ser mejores. El día había
amanecido inmejorable.
Desde allí, el siguiente ascenso
nos llevaría a una pequeña “inmersión” en España, a través del Col du Portillon
(1292 m).
Muchas veces nos quejamos del
estado de las carreteras españolas, y no sin razón, pero en comparación con las
francesas, en lo que a los Pirineos me refiero, son bastante mejores en sus
condiciones generales. Así lo pudimos corroborar en este escaso tramo por
nuestro país.
Y poco después de volver a
Francia, ya nos encontrábamos con una consecución de puertos muy cercanos entre
sí. El primero: Col de la Menté (1349
m)
Asimismo, los paisajes seguían
sucediéndose en cada descenso.
Ya nos habíamos olvidado eso de
tener conocimiento de un puerto pero llegado el momento no saber ubicarlo. Y
ahí teníamos uno, el Col de la Clin, que pasamos por sus inmediaciones y no nos
dimos cuenta dada la poca señalización informativa. Y sabemos de su existencia
porque nos lo dice el Sr. Google, que si no, seguimos viviendo en nuestra
ignorancia.
Tal como dejábamos de buscar uno,
nos encontramos con el ascenso al siguiente. Y en dicho ascenso, topábamos con
una escultura en el arcén izquierdo que me llamó mucho la atención. Paramos y
descubríamos que era un homenaje al ciclista Fabio Casartelli (1970 – 1995), el
cual falleció durante el descenso del puerto que nos ocupaba.
Tras esa visita, y otra vez en
marcha, uno se da cuenta del riesgo con el que viven esa clase de deportista,
ya que las carreteras son muy estrechas, sin protecciones y la velocidad es muy
alta en ocasiones.
Con una sensación un poco
extraña, llegábamos a la cima de ese fatídico puerto: el Col de Portet d’Aspet
(1069 m).
En el descenso a Saint Lary
(Francia), la artillera andaba con ganas de hacerse una foto sobre un “rulo” de
paja. Pues tan pronto vi unos accesibles, paré la moto y la animé a realizar su
capricho.
La pobre no fue capaz de subir
del todo. Pensaba que eran más pequeños, y acabó de esta manera:
Tras el encomiable esfuerzo, en
Saint Lary no había donde comer, y suerte nuestra que encontramos un pequeño
bar a la salida del pueblo, que ya estaba cerrando. No era todavía la una del
mediodía, pero menos mal que accedieron a hacernos un plato combinado que
estaba de muerte.
Tarde: Saint Lary –
Ax-les-Thermes
Después de la magnífica comida
que nos habían proporcionado, volvíamos a la acción. El cielo se había cubierto
y esperábamos que no se fastidiase el buen día que habíamos comenzado. El
paisaje seguía siendo inmejorable.
Al poco, llegábamos al primer
puerto de la tarde: el Col de la Core (1395 m).
Tras el paso por unos pequeños
pueblos…
… llegábamos al segundo: Col de
Latrape (1110 m).
El paisaje se iba haciendo más
abrupto.
Siguiente puerto en coronar: el
Col d’Agnes (1570 m).
Continuando el camino, nos
encontrábamos con un pequeño lago donde hacíamos un pequeño receso en nuestra
ruta.
La jornada se iba terminando,
pero los Pirineos seguían ofreciéndonos preciosas vistas…
… cuando llegaba el último de la
jornada: el Port de Lers (1517 m).
Desde allí a Ax-les-Thermes
(Francia) solamente nos quedaba disfrutar de los paisajes que se nos ofrecían.
Una vez en los exteriores del
hotel, nos encontramos con dos moteros alemanes que también se encontraban de
ruta por los Pirineos. Uno era Helmut y del otro no me acuerdo el nombre, ya
que era más reservado.
Tenemos un gran recuerdo de
ellos, ya que con mi escaso inglés, pudimos charlar un rato y nos invitaron a
una cerveza en aquella misma plaza, ya que tienen como tradición personal
beberse una cerveza al lado de las motos cada vez que llegan a su destino. Y
como estábamos con ellos, fuimos sus invitados. ¡¡¡UN SALUDO ESPECIAL DESDE
ESTE BLOG PARA ESOS AMIGOS ALEMANES!!!
Las cervezas recién compradas
estaban en el suelo sin abrir, pero creo que yo tenía mucha sed y ya hacía el
gesto de llevarme una a los morros.
Una vez duchados, nos fuimos de
paseo por el pueblo buscando sitio donde cenar. Y encontramos uno donde la cena
no nos dejó indiferente.



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