Mañana: Nigrán – Lago
de Sanabria
Después de la estancia por las
Rías Baixas con familia y amigos, comenzaba lo verdaderamente interesante de
nuestro viaje, siempre refiriéndonos a lo que a la moto respecta.
Para ello, nos esperaba esta
primera etapa, más bien de transición, pero que nos hizo pasar por un par de
lugares muy bonitos.
Saliendo de casa, decidíamos
acelerar la ruta cogiendo la A-52 hasta Ourense. Poca cosa que contar en este
tramo, salvo la niebla matutina que se puede encontrar uno en Galicia, sobre
todo en la cercanía a los ríos, así como el Río Miño, que se dejaba entrever en
algunas ocasiones, un poco más en las cercanías de Ourense.
Una vez en el centro de Ourense,
encontramos carteles que nos dan las indicaciones oportunas para seguir la ruta
que teníamos pensado: “ RIBEIRA SACRA – CAÑÓN DO SIL”.
Con dichos carteles y un GPS que
no haga malas jugadas, como el mío, no hay problema en atravesar la ciudad y
hacer la ruta que yo tenía planeada.
Una vez en la OU-536, uno ya
puede empezar a disfrutar de los paisajes tan bonitos que ofrece Galicia.
Además, la niebla se quedaba atrás, cubriendo la ciudad, y es sol iluminaba el
paisaje.
A la altura de Vilariño Frío
(Ourense), cogíamos el desvío hacia la OU-0604, carretera si marcas viales
centrales que nos trasladaría a las montañas desde donde podríamos observar los
famosos “Cañóns do Sil”. Disfrutar de esto en una mañana soleada era empezar el
camino de vuelta de la mejor manera posible.
Poco a poco, la carretera parecía
ser engullida por los árboles, que se amontonaban a orillas del asfalto.
Una vez pasada Parada de Sil
(Ourense), y ya circulando por la OU-0605, el Río Sil empezaba a descubrirse
entre la arboleda, aunque tímido y sin dejarnos apreciar toda su belleza.
La carretera se estrechaba,
siquiera, un poco más. Al no haber tráfico, excepto un par de coches de vecinos
o turistas, no era problema. Estábamos en plena naturaleza gallega,
despidiéndonos de esta comunidad con ganas de perdernos en la misma.
Llegando a Cristosende (Ourense),
los árboles desaparecían lentamente de los márgenes de la carretera, para
permitirnos apreciar, cada vez mejor, la “Ribeira Sacra”: famosa zona por su
plantación de viñedos dispuestos en escalones a las orillas del Río Sil.
Continuamos por esos bellos lares
hasta llegar a Castro Caldelas (Ourense), donde hicimos un pequeño tentempié.
La idea era comer en Viana do Bolo (Ourense), aunque todavía era temprano y la
distancia era relativamente corta. Una vez allí lo valoraríamos.
Pero como no hay dos sin tres, a
medio camino hacia Viana do Bolo, mi “amigo” tecnológico y yo no
llegamos a un acuerdo. ¡¡¡Qué raro!!! Atravesábamos un pequeño pueblo por
caminos de hormigón, lo cual era sinónimo de que la cosa no iba demasiado bien
en lo que a ubicación se refería.
Y nos dejamos llevar por la duda.
Estábamos un poco desubicados, en medio de un bosque con una carretera sin
marcas viales, por lo que no quedaba otra que confiar en la tecnología y
esperar que el encuentro con la ruta prevista no se demorase en demasía.
Próximos a la OU-533, que nos
llevaría hasta Viana do Bolo, aunque sin saberlo, pudimos disfrutar
de unos paisajes preciosos en los alrededores del Embalse do Bao, el cual tiene
una extensión enorme, aunque no lo podíamos apreciar desde nuestra posición.
Nuevamente “en ruta”, por la
OU-533 y de camino a Viana do Bolo, podíamos ir descubriendo la
magnitud de dicho embalse.
Como bien habíamos supuesto
anteriormente, todavía era muy temprano para parar a comer, así que decidimos
continuar hasta Puebla de Sanabria (Zamora) mientras disfrutábamos de las
vistas…
… y recordando ese mal tan grave
que suele sufrir la comunidad gallega: los incendios.
A uno se le viene a la cabeza
algún tipo de tortura que sale en las películas…
Todavía en la provincia gallega,
en A Gudiña (Ourense), creímos que lo más conveniente sería coger la A-52 y
hacer la visita a los Lagos de Sanabria antes de comer, conocedores
del tipo de nacionales que existen por el norte, que atraviesan muchos pequeños
pueblos y te retrasan demasiado.
Un leve paso por Puebla de
Sanabria…
… para poner rumbo hacia los
lagos.
Y allí nos encontrábamos, en el
inmenso Lago de Sanabria, con turistas disfrutando de alguna de las
pequeñas calas fluviales, ya que el día permitía tal lujo.
Un lugar perfecto para perderse
unos días en la montaña.
Como íbamos bien de tiempo, y la
tarde iba a ser totalmente de transición, decidimos subir a la Laguna de los Peces,
que se encuentra a unos 20 kilómetros del Lago de Sanabria, una vez atravesado
San Martín de Castañeda (Zamora). Está muy bien indicado y la carretera se
acaba en las proximidades de dicha laguna.
Durante la ascensión, los
paisajes se comentan solos…
Unas vistas de la Laguna de los
Peces…
Como no estaba permitido
aproximarse a la laguna con vehículo no autorizado, decidimos que era hora de
comer algo en un pequeño pueblo que habíamos visto en la subida, El Puente
(Zamora), y disfrutar de las vistas del Gran Lago mientras descendíamos.
Además, en esas alturas, los vientos soplan de diferente forma, y tienen una
temperatura un tanto fresca.
Tarde: Lago de Sanabria – Palencia
Después de una comida tranquila
en una terraza, y antes de que el sueño hiciese acto de presencia, nos
enfundamos la ropa y, de esa manera, arrancaba la que creemos fue la parte más
pesada y aburrida de todo el viaje.
En Puebla de Sanabria,
cogimos la A-52 para acelerar la ruta lo más posible, ya que la N-525 poco nos
podía ofrecer.
Aproximándonos a Benavente
(Zamora), abandonábamos la autovía para enlazar con la N-610, la cual tampoco
nos ofreció nada que poder reseñar, exceptuando las grandes extensiones agrícolas.
Después de rectas infinitas y
paisaje monótono, llegábamos a Palencia.
Los kilómetros y el calor de la
tarde habían hecho mella, así que necesitábamos una ducha urgente y un pequeño
descanso antes de salir a dar un paseo por la ciudad y comer algo.
Palencia resultó ser una ciudad
pequeña, aunque muy acogedora y tranquila. No nos importaría volver.


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