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viernes, 4 de marzo de 2016

Día 11: Nigrán - Palencia


Mañana: Nigrán – Lago de Sanabria




Después de la estancia por las Rías Baixas con familia y amigos, comenzaba lo verdaderamente interesante de nuestro viaje, siempre refiriéndonos a lo que a la moto respecta.

Para ello, nos esperaba esta primera etapa, más bien de transición, pero que nos hizo pasar por un par de lugares muy bonitos.

Saliendo de casa, decidíamos acelerar la ruta cogiendo la A-52 hasta Ourense. Poca cosa que contar en este tramo, salvo la niebla matutina que se puede encontrar uno en Galicia, sobre todo en la cercanía a los ríos, así como el Río Miño, que se dejaba entrever en algunas ocasiones, un poco más en las cercanías de Ourense.








Una vez en el centro de Ourense, encontramos carteles que nos dan las indicaciones oportunas para seguir la ruta que teníamos pensado: “ RIBEIRA SACRA – CAÑÓN DO SIL”.




Con dichos carteles y un GPS que no haga malas jugadas, como el mío, no hay problema en atravesar la ciudad y hacer la ruta que yo tenía planeada.

Una vez en la OU-536, uno ya puede empezar a disfrutar de los paisajes tan bonitos que ofrece Galicia. Además, la niebla se quedaba atrás, cubriendo la ciudad, y es sol iluminaba el paisaje.




A la altura de Vilariño Frío (Ourense), cogíamos el desvío hacia la OU-0604, carretera si marcas viales centrales que nos trasladaría a las montañas desde donde podríamos observar los famosos “Cañóns do Sil”. Disfrutar de esto en una mañana soleada era empezar el camino de vuelta de la mejor manera posible.






Poco a poco, la carretera parecía ser engullida por los árboles, que se amontonaban a orillas del asfalto.





Una vez pasada Parada de Sil (Ourense), y ya circulando por la OU-0605, el Río Sil empezaba a descubrirse entre la arboleda, aunque tímido y sin dejarnos apreciar toda su belleza.




La carretera se estrechaba, siquiera, un poco más. Al no haber tráfico, excepto un par de coches de vecinos o turistas, no era problema. Estábamos en plena naturaleza gallega, despidiéndonos de esta comunidad con ganas de perdernos en la misma.





Llegando a Cristosende (Ourense), los árboles desaparecían lentamente de los márgenes de la carretera, para permitirnos apreciar, cada vez mejor, la “Ribeira Sacra”: famosa zona por su plantación de viñedos dispuestos en escalones a las orillas del Río Sil.








Continuamos por esos bellos lares hasta llegar a Castro Caldelas (Ourense), donde hicimos un pequeño tentempié. La idea era comer en Viana do Bolo (Ourense), aunque todavía era temprano y la distancia era relativamente corta. Una vez allí lo valoraríamos.

Pero como no hay dos sin tres, a medio camino hacia Viana do Bolo, mi “amigo” tecnológico y yo no llegamos a un acuerdo. ¡¡¡Qué raro!!! Atravesábamos un pequeño pueblo por caminos de hormigón, lo cual era sinónimo de que la cosa no iba demasiado bien en lo que a ubicación se refería.






Y nos dejamos llevar por la duda. Estábamos un poco desubicados, en medio de un bosque con una carretera sin marcas viales, por lo que no quedaba otra que confiar en la tecnología y esperar que el encuentro con la ruta prevista no se demorase en demasía.





Próximos a la OU-533, que nos llevaría hasta Viana do Bolo, aunque sin saberlo, pudimos disfrutar de unos paisajes preciosos en los alrededores del Embalse do Bao, el cual tiene una extensión enorme, aunque no lo podíamos apreciar desde nuestra posición.





Nuevamente “en ruta”, por la OU-533 y de camino a Viana do Bolo, podíamos ir descubriendo la magnitud de dicho embalse.




Como bien habíamos supuesto anteriormente, todavía era muy temprano para parar a comer, así que decidimos continuar hasta Puebla de Sanabria (Zamora) mientras disfrutábamos de las vistas…





… y recordando ese mal tan grave que suele sufrir la comunidad gallega: los incendios.





A uno se le viene a la cabeza algún tipo de tortura que sale en las películas…

Todavía en la provincia gallega, en A Gudiña (Ourense), creímos que lo más conveniente sería coger la A-52 y hacer la visita a los Lagos de Sanabria antes de comer, conocedores del tipo de nacionales que existen por el norte, que atraviesan muchos pequeños pueblos y te retrasan demasiado.

Un leve paso por Puebla de Sanabria…





… para poner rumbo hacia los lagos.





Y allí nos encontrábamos, en el inmenso Lago de Sanabria, con turistas disfrutando de alguna de las pequeñas calas fluviales, ya que el día permitía tal lujo.







Un lugar perfecto para perderse unos días en la montaña.

Como íbamos bien de tiempo, y la tarde iba a ser totalmente de transición, decidimos subir a la Laguna de los Peces, que se encuentra a unos 20 kilómetros del Lago de Sanabria, una vez atravesado San Martín de Castañeda (Zamora). Está muy bien indicado y la carretera se acaba en las proximidades de dicha laguna.

Durante la ascensión, los paisajes se comentan solos…






Unas vistas de la Laguna de los Peces…






Como no estaba permitido aproximarse a la laguna con vehículo no autorizado, decidimos que era hora de comer algo en un pequeño pueblo que habíamos visto en la subida, El Puente (Zamora), y disfrutar de las vistas del Gran Lago mientras descendíamos. Además, en esas alturas, los vientos soplan de diferente forma, y tienen una temperatura un tanto fresca.





Tarde: Lago de Sanabria – Palencia




Después de una comida tranquila en una terraza, y antes de que el sueño hiciese acto de presencia, nos enfundamos la ropa y, de esa manera, arrancaba la que creemos fue la parte más pesada y aburrida de todo el viaje.

En Puebla de Sanabria, cogimos la A-52 para acelerar la ruta lo más posible, ya que la N-525 poco nos podía ofrecer.




Aproximándonos a Benavente (Zamora), abandonábamos la autovía para enlazar con la N-610, la cual tampoco nos ofreció nada que poder reseñar, exceptuando las  grandes extensiones agrícolas.








Después de rectas infinitas y paisaje monótono, llegábamos a Palencia.





Los kilómetros y el calor de la tarde habían hecho mella, así que necesitábamos una ducha urgente y un pequeño descanso antes de salir a dar un paseo por la ciudad y comer algo.


Palencia resultó ser una ciudad pequeña, aunque muy acogedora y tranquila. No nos importaría volver.


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