¡¡¡Buenas!!! Aquí estamos iniciando nuestra primera crónica, la cual hace referencia a nuestro viaje por el norte de España. Un viaje pensado y estudiado durante varios meses y bastantes horas de ordenador e internet. Nuestro primer viaje largo en moto: 4.200 kilómetros recorriendo la costa cantábrica, pasando una semanita "na miña terriña", y volviendo a Vinaroz (Castellón) por la zona de la sierra de Castilla-León. Las fotos y vídeos están hechos por la artillera, que portó durante la mayoría de la ruta la cámara en sus manos. He descubierto que su pulso no es mucho mejor que el mío ;) Y sin más dilaciones, vamos al lío:
Mañana: Vinaroz - Loarre
Mañana: Vinaroz - Loarre
Nuestro gran día llegó. El tan esperado comienzo de nuestra ruta ya era realidad, y con las maletas de la "Bicha" a tope ya preparadas del día anterior, solamente nos quedaba desayunar y despedirnos de la familia castellonense.
A las 09:00 horas emprendíamos la marcha camino de Loarre, donde nos esperaba un precioso castillo que me habían recomendado visitar. La verdad es que de esta mañana motera no hay mucho que reseñar, ya que las carreteras son normalitas, permiten un buen ritmo para adelantar kilómetros y los paisajes no son cosa de otro mundo. Si bien es cierto, a partir de Tortosa, la C-12 va acompañada del río Ebro durante buen trecho. No es nada del otro mundo, pero la verdad que es muy buena ruta para empezar un viaje como éste.
Nos despedimos del río Ebro a la vez que divisamos la gran chimenea de la central nuclear de Ascó (Tarragona). A partir de aquí, las curvas van desapareciendo de la carretera para convertirse en grandes rectas. Se nota que hemos dejado atrás nuestras primeras montañas a la búsqueda de la siguiente sierra. En Fraga (Huesca), hacemos la primera parada técnica: el estómago estaba haciendo unos ruidos sospechosos, creo que quería avituallamiento. Piscolabis y a continuar.
Al llegar a Huesca capital, dimos dos o tres vueltas de reconocimiento por las mismas calles, cortesía del recién actualizado GPS, que se ve que no sabía que recientemente la calle que tantas ganas tenía que conociésemos era dirección prohibida. Así que hacemos una parada para configurar de nuevo la ruta, cuando un amable hombre mayor se da cuenta de la situación y nos explica como salir de la ciudad con destino a Loarre. Sus indicaciones y las del GPS coincidieron a la perfección, y ya nos encontrábamos en ruta de nuevo.
Y llegamos a nuestro primer destino: Loarre (Huesca). Eran horas de comer pero el restaurante que me habían recomendado estaba cerrado. Era jueves, el pueblo es muy pequeñito, dos personas en la calle, una plaza de pueblo acorde con las dimensiones del pueblo (he visto discotecas mucho más grandes y no las de Ibiza jeje), y un bar abierto que no tenía menú, pero que su propietaria accedió a hacernos un par de bocatas. Para nosotros, perfecto. Y esto es lo que dió de sí nuestra primera mañana.
Tarde: Loarre - Pamplona
Empezamos la tarde desplazándonos al castillo recomendado, el cual se encontraba a unos 4 kilómetros del centro del pueblo. La verdad es que merece la pena visitarlo.
Llegamos a la zona de aparcamiento de vehículos, pero decidimos adentrarnos un poco más. De esa manera, cuanto menos andemos, mejor. Vagos, vagos!!! Finalmente, se acaba el asfalto justo al llegar a un bar con buenas vistas, donde está situada la caseta para la compra de los tickets de visita al castillo. Como no vemos mucho ambiente, aparcamos la "Bicha" y nos desplazamos andando hasta el castillo (unos 300 metros a pie).
Nos adentramos en la fortaleza del mismo... y vamos a curiosear si se puede entrar dentro.
Y entramos. Nadie nos pidió ticket de entrada y estábamos solos en todo el castillo, así que lo recorrimos bastante rápido.
Visto el castillo, procedíamos a abandonarlo. Cuando a veinte escalones de la salida, aparece una muchacha de actitud sospechosa, con una riñonera a la cintura. Exacto, ¡¡¡la cobradora del castillo!!! Resulta que había que haber cogido las entradas donde estaba la "Bicha" aparcada, cosa que nos saltamos a la ligera. Pero bueno, sin mayor problema, pagamos las entradas a la chica y abandonamos el lugar previas fotos de despedida con el valle de fondo.
Proseguimos el camino que nos llevaría a Pamplona. La carretera A-132 fue mejorando poco a poco, en cuanto a curvas se refiere. Nos íbamos adentrando en las montañas, dejando los valles y las largas rectas atrás. Nuestra intención era pararnos a la altura del embalse de Peña (Huesca), ya que había visto algunas fotos en internet. Pero nuestra sorpresa fue que, cuando más mejoraba la carretera y los paisajes, nos encontramos con unas montañas rojizas que nos llamaron mucho la atención. Además apareció un cartel informativo que decía: MALLOS DE RIGLOS. Poco me costó poner el intermitente y adentrarnos hacia el pueblo al que hacía referencia el cartel. Poco a poco el espectáculo era más cercano, y apunto de llegar al pueblo de Riglos (Huesca), la carretera se hizo más ancha: un mirador precioso para hacer unas fotos. Desde el mismo pudimos intuir que no era necesario llegar al pueblo. Aquello nos bastaba. Para disfrutar de la zona, hay que ir un fin de semana con botas de trekking.
| Creo que ésta es mi foto favorita de todo el viaje |
Encantados con la sorpresa de Riglos, continuamos por la A-132. Nada más acceder a la misma, nos unimos sin querer a un grupo de moteros (cuatro o cinco) que debían de estar de rutilla por la zona. Tenía la intención de pasarlos, poco a poco, pero el que cerraba el grupo con una motarraca enorme (creo que era una Goldwing) iba un poco forzadito en las curvas, corregía demasiado cada una de las trazadas. Así que como no teníamos apuro, preferimos seguir su misma marcha y disfrutar del paisaje. Teníamos que estar cerca del embalse de Peña, porque la carretera estaba acompañada del río Gállego. Un paisaje muy recomendable de disfrutar.
Poco después, intuí que habíamos llegado al embalse ya que el paisaje me sonaba de haberlo visto en el Streetview de Google Maps. No me equivocaba. Mis "compañeros de ruta" prosiguieron la marcha, mientras nosotros nos parábamos para inmortalizar el momento.
De ahí continuamos por la A-132 hasta cruzarnos con la N-240. Ésta era la que nos desembocaría en Pamplona, pasando por el embalse de Yesa. Y justamente cuando habíamos llegado a esa zona, donde la carretera se reviraba un poco más y se hacía más divertida, divisé una buena zona a la que íbamos a dar para hacer unas fotillos del embalse, cuando... la carretera N-240 estaba en obras. Nos obligan a acceder a la autovía durante unos kilómetros, y como ya estaba desubicado, decidimos seguir hasta Pamplona por la autovía.
Ya instalados en Pamplona, y duchados, nos dirigimos a pie hasta el centro, donde pregunté por la calle Estafeta, que tenía curiosidad por ver la famosa curva de los encierros. Tuvimos mucha suerte, porque a lo largo de toda la C/ Estafeta había un muy buen ambiente, y al ser jueves, la caña con un pincho estupendo salía por 2€, así que podéis imaginar. A esto le llaman el "JUEVINCHO" (pincho y caña de los jueves). También la calle San Nicolás se pone muy bien de ambiente. Está al otro lado de la plaza. Y así, "encantadillos" y con una tapaza de jamón 5J en el estómago entre otros menesteres, regresamos para descansar.
¡¡¡Hasta mañana...!!!



















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